La Madre (matemática) Naturaleza

«Las matemáticas no fueron inventadas por los seres humanos, sino que son un lenguaje universal»

Aprendizaje Verde, 14 de octubre de 2016

La serie de Fibonacci, el número áureo, la geometría fractal, no los inventó un humano. Estaban ahí, en la Naturaleza, esperando que alguien se diese cuenta de su perfección.

Porque la Naturaleza es, ante todo, perfecta. Está ahí para ser observada, estudiada, comprendida, y como consecuencia de todo esto, cuidada.

Espirales perfectas, formas geométricas, números «tatuados», proporciones repetidas una y otra vez. Humanos, especies animales, plantas, elementos geográficos.

Mariposa 88
Buffon

El panal de unas abejas tiene miles de hexágonos, y no es por capricho, sino por aprovechamiento óptimo; esta estructura se repite en Irlanda del Norte, en La Calzada de los Gigantes. Un helecho o una coliflor demuestran la teoría fractal que se aplica a objetos cuya estructura se repite a diferentes escalas.

El ser humano y la ya más que estudiada proporción divina phi; la estructura de una alcachofa, que crece a ritmo de serie de Fibonacci; el perfecto 88 de la mariposa llamada así por ese tatuaje tan vistoso.

La trampa geométrica que supone una tela de araña. La espiral de un remolino o la formada por un huracán. Y por fin, nuestro planeta Tierra, que merece un capítulo aparte, y la geografía matemática que lo estudia.

La Naturaleza es única, es un regalo, es matemáticamente perfecta.

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