«Algo bueno de la música: cuando te golpea, no sientes dolor».
Bob Marley

El Canon de Johann Pachelbel (1653-1706) es un absoluto ejemplo del difícil arte de la simplicidad.
Pachelbel lo escribió originalmente para tres violines y un bajo, como música de cámara, y sonaría así:
Comienza el bajo con dos compases, con la técnica de bajo continuo; se une un primer violín, que ejecuta la primera variación. Llega al final de esta variación, comienza la segunda, y al mismo tiempo se une un segundo violín que comienza por la primera variación. Al finalizar la segunda variación, el primer violín comienza la tercera variación, el segundo violín la segunda variación, y entra un tercer violín ejecutando la primera variación.
Esta obra de arte va ganando en complejidad a medida que avanza matemáticamente, las variaciones se suman hasta llegar a veintiocho. Y comienza de nuevo el descenso para llegar a una estructura más sencilla.
Matemáticamente perfecto. No importa la versión, porque seguirá siendo perfecto. Y para muestra, un botón: